Volveremos.

Búscame aunque me encuentre en el polo opuesto,
aunque en mis botas se sienta el hielo y en tus dedos descalzos arda el cielo.

Búscame al subir las persianas y fruncir el ceño al sol,
aunque te ciegue el corazón mi recuerdo lejano y los años restantes hasta que regrese a tu vida el verano.

Pero nunca dejes de buscarme.
Dedicame al menos un minuto entre el café de las mañanas y tu camino hacia el trabajo.

Pero nunca dejes de buscarme.
Ata mi imagen a tus pestañas justo antes de que anochezca y manténme presente en tu mente.

Búscame aunque se te agujeree la garganta al recordar mi calor y te desquicie el no tenerme enfrente.

Búscame aunque te parezca que tarareando mis canciones te costará más mi ausencia o me cansaré de tu presencia.

Pero nunca dejes de buscarme.
Nunca.
Con tu voz yo abro los ojos y miro de cara al sol.
Con tu abrazo yo bailo las decepciones y las penas.

Pero nunca dejes de buscarme.
Nunca.

Porque allá dónde mis pasos me llevan viajas tú en mi pecho.
Porque allá dónde te ves nacer cada día estoy yo en tus manos.

Nunca dejes de buscarme.
No sé el día, la hora o el lugar exacto.
Pero un día nos volverán a llorar encima las mismas nubes,
a cobijar los mismos árboles.
Pisaremos la arena del mismo camino,
huellas distintas paralelas.

Y verás,
que no existen distancias posibles entre nuestros cuerpos,
nada capaz de alejar dos almas.

Años, mares y montañas.
Volveremos.
Y en nuestro hogar, volverá el verano.

Para todas aquellas personas que están lejos, las que lo estarán… No hay distancias difíciles para lazos grandes como las montañas y fuertes como un tronco.

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Donde no te sueltan nunca

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Encuéntrame.

He girado tres veces a mi izquierda y no estás. Se me ha quedado el corazón congelado con el viento que se asoma por los lados, zarandeándome e intentado desorientarme entre un bosque de árboles caducos.

N0 hay quién me cubra las espaldas y me revele quién soy mientras intento trepar los troncos sujetándome con las yemas de los dedos. Empiezo a estar harta de tocar el suelo, y sentir piedras en las botas, que cuando las busco no las encuentro.

He girado tres veces a mi izquierda y no estás. A la cuarta he visto tu cabeza apoyada en mi hombro y he buscado la oscuridad. Se me han inundado las mejillas mientras me florecía el alma y he decidido dejar entrar la luz. A la quinta he visto el viento de cara, mis ojos vacíos de reflejos en llamas y mi hombrera izquierda arrugada.

El mundo entero parece despoblado

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Conocido desconocido.

Llevas tanto tiempo esperando algo que cuando está a punto de pasar no sabes si tienes miedo, nervios o se te salen las mariposas hasta por los oídos…

¿Y qué pasa cuando el sol te da de cara pero no te ciega?

Queman los años de no haber pronunciado, de no haber abrazado, de no haber sujetado sus manos.
Queman los años que tan mal o bien nos han tratado, que han hecho crecer las flores que crecieron tras la batalla, que pasan y pesan por sus tallos.

Lo conocido desconocido que una vez fue hogar y se convirtió en una parada más en el camino.
Volver dónde diste tus primeros pasos, donde tu árbol ha crecido, ha amado, y ha florecido.

De donde no te sueltan nunca.
De donde los océanos no son muros.
De donde abrazan fuerte,
               hoy, mañana y siempre.

Cerca

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Destinos.

Carreteras hacia ninguna parte.
Carreteras hacia el paraíso desconocido de unas manos en llamas.

Un autobús recorre el barrio humilde de los días de injusticia.
Un autobús cargado de esperanza, de derecho a decidir quién y cómo le guía.

Unas manos llenas de arrugas que lo empujan por el sendero de la lucha de una clase que lucha por ser, crear, crecer y salvar a quienes lo piden a gritos en las calles, a los suyos, a los míos, a los nuestros.

A los de aquí y allá.

Cambiar las reglas indecentes de los que mandan por el gozo del poder y el placer de gobernar. Sin contemplar las consecuencias: que matan de hambre, duelen sin techo, queman en el frío de los cajeros de bancos. Que vuelan solos en un lugar dónde no tienen a nadie, que se quedan sin sueños por cumplir por falta de dinero; que son explotados cuando su potencial supera horizontes.

Unas manos que luchen porque se castiguen las mentiras, los robos descarados de los poderosos sin un rostro verdadero; que se castiguen a los que matan por un sinamor y se otorgue a las rosas con corazón roto un nuevo tallo, real, sin espinas.

Unas manos donde la igualdad sea prioritaria, en azul, amarillo, o verde. El género no sea un más ni un menos.

Unas manos que construyan una paz más cercana a la verdadera, que los que huyen de la guerra encuentren salida, que no exista valla, ni frontera.

Y que las carreteras hacia ninguna parte vayan hacia ti.
Hacia ti.
Hacia ti.
Y hacia ti.
Hacia nosotros.

Que el pueblo grite y cante sin miedo a ser silenciado por la fuerza del miedo de los poderosos.

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Sumar.

Pienso en ti y tengo la misma sensación en el estómago que cuando bajas en una montaña rusa

 

Quiero.

Y si nos fugamos a ninguna parte, pero juntos. Y si nos comemos las cascadas más puras de millones de paisajes inexplorados, pero juntos.

Podrías levantar la voz y hacerme volar, entre los sueños que me rondan el cielo, contigo. Podría sujetarme en el aire de cualquier precipicio con solo mirarme y morirían todos los imposibles que me secan las ilusiones.

Me has llenado de mariposas un otoño que ansiaba congelarme las costillas, hasta romperme, y has hecho que me crezcan raíces con destino a tus manos.

 

No quiero.

Y sí me quedo estancada en tus pupilas, por un segundo interminable y nos buscamos el océano el uno al otro.

Podría leerte todos los lunares de la espalda y dibujar en ella constelaciones con mis versos.

Podría abrir el telón de mi arte escondido y enredarte en los colores más vivos de esta primavera inédita.

Quizá podría hacer hasta que encontrases un nuevo hogar en ella y te quedases a mirar su cielo incluso los días que llore.

Quiero contigo.

No quiero dejar de avanzar contigo.

 

Quédate,

 y ayúdame a descubrir cómo es,

déjame saber en cuántos mundos crees

 y si te salta el corazón cuando navegas entre mis puntos suspensivos.

 

 

Lo bueno te encuentra cuando dejas de buscarte

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Coma.

El corazón colgado de la lámpara del techo y un par de copas de ginebra en la mesilla.

El balcón con vistas a las obras de la esquina, las manos llenas de tinta del bolígrafo que acaba de explotar.

Cada vez un poco más cerca de tu sombra que de ti.

El ruido de las sirenas por la carretera, el silencio infinito que aturde el momento.

La piel de gallina, los cero grados, tus cajones vacíos, las huellas de mi habitación perdidas entre un mar de “y sí”.

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